En 1993, durante un viaje a la ciudad de Nueva York, tuve la suerte de probar lo que por entonces era un novedoso juego de Realidad Virtual (ver foto a continuación)…

Aunque el videojuego de este sistema clásico fue un poco decepcionante, sentí una experiencia futurista que realmente dejó una huella imborrable en mi subconsciente ya que a lo largo de los años me he vuelto a sentir atraído por las diferentes olas en las que la Realidad Virtual ha gozado de un boom.

Debido a la dificultad exacta de formular una definición histórica para el concepto de existencia alternativa, los orígenes de la Realidad Virtual están en disputa, pero el desarrollo temprano de la perspectiva en la Europa del Renacimiento creó representaciones convincentes de espacios que no existían, en lo que fue referido por el historiador de arte Jurgis Baltrušaitis en su libro «Arte anamórfico» (1977) como la «multiplicación de mundos artificiales». En 1938, el dramaturgo de vanguardia francés Antonin Artaud describió la naturaleza ilusoria de los personajes y objetos en el teatro como «la réalité virtuelle» en una colección de ensayos con el título de «Le Théâtre et son double» en la que consideró que la ilusión no era distinta de la realidad, y defendía que los espectadores de una obra de teatro debían suspender la incredulidad y considerar el drama en el escenario como realidad. De todos modos, las primeras referencias al concepto más moderno de Realidad Virtual provienen de la ciencia ficción.

La mirada interior, la conciencia y las técnicas de inmersión de la Realidad Virtual fueron todas técnicas establecidas en los períodos tempranos y clásicos del cine que también se han convertido en la base de esta tecnología. Pero como escribe el crítico de cine Jim McClellan, la parte crucial de la fantasía de la realidad virtual tal como la articulan los medios es el sueño de poder interactuar con realidades simuladas que parecen tan «reales» como el mundo real que fue criticado por André Bazin en su texto «El mito del cine total» (1946) donde observó que el cine temprano también estaba dominado por el deseo de «una representación total y completa de la realidad … [para] la reconstrucción de una ilusión perfecta del mundo exterior en sonido, color y relieve». En 1968, la cineasta Carolee Schneemann esbozó un nuevo tipo de cine en el que las historias no se cuentan pasivamente, sino que se crea una experiencia alineada con el concepto de «Cine Expandido» creado por el crítico Gene Youngblood en 1970 en un libro del mismo título que expuso su visión de un nuevo tipo de cine que crea una experiencia única, armónica y totalmente orquestada.

De la misma manera que la fotografía se convirtió en una innovación disruptiva que amenazaba al pintor realista, la Realidad Virtual puede convertirse en un laboratorio para que los filósofos prueben diferentes hipótesis y comiencen lenta y firmemente a separarse de esos «experimentos mentales» que desde un punto de vista científico a veces parecen absurdos… También es interesante notar lo que escribe el neurocientífico Eric Kandel en su libro “Reduccionismo en el arte y la ciencia del cerebro: uniendo las dos culturas” (2016) donde cuenta cómo aquellos pintores que habían desarrollado técnicas extraordinarias para evocar paisajes tridimensionales o imágenes de retratos en un lienzo bidimensional, se vieron repentinamente confrontados con la necesidad de crear nuevos lenguajes y formas creativas de expresión para revitalizar la pintura como una disciplina artística que se apartó inesperadamente de lo representativo para aventurarse en la abstracción.

Según el pionero de la realidad virtual Jaron Lanier, «la realidad virtual se trata más de ti, se trata más del cuerpo humano, la identidad humana, la interacción humana», por eso podemos encontrarla realmente interesante para la investigación en disciplinas como la filosofía, la neurociencia cognitiva o la psicología experimental. Como escribe el filósofo alemán Thomas K. Metzinger, la filosofía de la mente informada empíricamente es el área que puede beneficiarse más directamente de los resultados recientes en la investigación de esta tecnología para crear mundos artificiales. Dado que la Realidad Virtual es la representación de mundos posibles y yoes posibles, puede ayudarnos a comprender la experiencia consciente producida por los sistemas nerviosos biológicos, la denominada consciencia que ha sido descrita por algunos filósofos como un modelo virtual del mundo que habita dentro de nuestras cabezas y una simulación interna dinámica. Entonces, de acuerdo con este punto de vista, la Realidad Virtual solo se vuelve filosóficamente interesante cuando se acopla causalmente al modelo consciente preexistente de la realidad que se ejecuta en el cerebro biológico de las personas usuarias.

El filósofo y científico cognitivo superestrella australiano David Chalmers también cree que la Realidad Virtual está reformulando algunas de las preguntas más duraderas de la filosofía sobre la cognición, la epistemología y la naturaleza de la realidad. Desde su punto de vista digitalista, los objetos virtuales realmente existen como objetos y experiencias en un mundo simulado que implica una percepción no ilusoria de un mundo digital que puede ser tan valioso como las experiencias no virtuales. Esto está alineado con el pensamiento del profesor Philip Brey, que afirma que ciertos tipos de objetos, acciones y eventos virtuales se califican como reales, en el sentido de que no solo simulan, sino que reproducen ontológicamente la entidad de la que son una imitación.

Según Chalmers finalmente esto plantea la pregunta -en clara referencia al filósofo Nick Bostrom– de que podría ser posible que estemos viviendo en una realidad virtual. En 2003, Bostrom, un investigador de la Universidad de Oxford, publicó un artículo que proponía que toda la realidad, incluida la Tierra y el universo, es de hecho como una simulación artificial generada por computadora. Aunque hay una larga historia filosófica y científica de esta tesis subyacente de que la realidad es una ilusión (la cueva de Platón, el «sueño de la mariposa» de Zhuangzi, la filosofía india de Maya o el argumento del sueño de René Descartes) últimamente esta hipótesis ha ganado adeptos como el emprendedor y multimillonario Elon Musk quien estudio Economía y Física en la prestigiosa Wharton School de la Universidad de Pensilvania y que recientemente afirmo lo siguiente: «hay muchas, muchas simulaciones, (…) bien podrías llamarlas realidad, o podrías llamarlas multiverso». Entonces, desde el punto de vista de la cosmología física, esto hace que la respuesta a este dilema sea más difícil, ya que si aceptamos la tesis del multiverso también existe un grupo hipotético de múltiples universos. Esto puede parecer una locura, pero el investigador Silas R. Beane, Zohreh Davoudi y Martin J. Savage han argumentado que, aunque no hay indicios de que nuestro universo sea una simulación numérica, o sea fundamentalmente digital, la física debería explorar esta hipótesis (un campo de la cosmología inaugurado por Konrad Zuse y denominado Física Digital).

Como reflexión final, si bien la Realidad Virtual sigue siendo una industria incipiente, la adquisición en 2014 por Facebook de la empresa Oculus por 2.000 millones de dólares podría llevarnos a pensar que es un campo floreciente tanto para el desarrollo de productos y servicios relacionados con la industria como para la investigación científica más experimental. Probablemente estemos viendo el comienzo de una tecnología que no solo nos ayudará a volver a cuestionar diferentes aspectos de nuestras representaciones del mundo, sino que nos empujará una vez más a reconfigurar la validez de nuestras suposiciones sobre nuestro lugar y conocimiento del universo como seres vivos sensibles…


0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad